El domingo pasado, volvía a desayunar en el bar de siempre y como todos los domingos, pasé por delante de la residencia de ancianos donde vive el señor más cariñoso de todo el barrio.
Me sorprendió no verlo por la calle sonriendo a todo el mundo y con palabras bonitas para todos, pero como hacía un día algo frío, pude entender que es ya bastante mayor y quizá los responsables de la residencia no veían con buenos ojos que estuviera parado en la calle.
Me dio un poco de pena no verlo, siempre me alegra mucho las cosas que dice…
Pero al pasar por delante de la última ventana, se me ocurrió mirar, allí estaba el señor, asomado a la ventana.
Moví mi mano saludándolo, en realidad no lo conozco de nada, solo de verlo por la calle. Me saludó con la mano y me tiró un beso.
Me volvió a alegrar la semana!

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